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Historia[1]
Historia
El lugar que ocupa la actual provincia de AlmerÃa es, en palabras del prestigioso historiador y arqueólogo Luis Siret, "un impresionante museo natural". Ello se explica, en principio, por las tres culturas neolÃticas que se dan en el territorio de la provincia, hecho que es único en nuestro continente: la de AlmerÃa, la de Los Millares y la de El Argar, con su aportación a la cultura campaniforme y celta. En el periodo clásico, son muchas las poblaciones Ãberas y las colonias fenicias y cartaginesas que cobran importancia en AlmerÃa. Es destacable la importancia de varias poblaciones ya en la Roma clásica, como las de Urci (junto a la capital), Abdera (Adra), Murgi (El Ejido), Baria (Vera) o Tagilis (TÃjola). El puerto de la actual capital de AlmerÃa (Portus Magnus) ya era explotado y apreciado por los comerciantes del Lacio. .
Para remontarse a su fundacÃón, hay que decir que Bayyana, en el dÃa de hoy el pueblo de Pechina situado en las orillas del rÃo Andarax, era la capital de la Cora, teniendo su auge entre el siglo IX hasta mediados del siglo X. Tras el ataque de Fatimà al arrabal de Bayyana, es cuando Abderramán III decide en el 955 amurallar el poblado primitivo de la ciudad , La Medina, que se habÃa formado alrededor de la atalaya, Bayyana - Almariyat (la atalaya que la importante República de Pechina tenÃa en la costa), nace la ciudad, la cual mandó edificar una fortaleza para defensa de la ciudad). AlmerÃa era una población total y radicalmente islámica. La AlmerÃa musulmana llegó a ser una ciudad grandiosa. Después de Córdoba, era la ciudad más influyente y próspera de la penÃnsula y una de las más ricas de todo el orbe islámico. Con posterioridad, en el año 965, se construye una Mezquita Mayor como lugar de oración y recogimiento. El almirante de la flota, que residÃa en AlmerÃa, era de facto el segundo poder en la España de la época y tenÃa a su disposición un número de 300 naves que fondeaban en el puerto, el más importante del califato. Ibn Maymun fue el más grande de estos almirantes de AlmerÃa, al que Almanzor envenenó, envidioso de su poder. .
El puerto de AlmerÃa fue en el siglo X uno de los principales puertos de la base naval del Califato de Córdoba. .
Con la muerte de Hixem II, se desmorona el Califato de Córdoba apareciendo los Reinos de Taifas en el siglo XI, en el que AlmerÃa se independiza bajo el mandato de Jairán. Sigue cobrando importancia, llegando a ser, como reino independiente, una de las taifas más prósperas. La ciudad tenÃa al menos quince puertas, que guardaban la entrada a una ciudad de cerca de un millón de metros cuadrados, laberÃntica y abigarrada. De todas esas puertas, los contemporáneos destacaban por su belleza tres de ellas, que tenÃan un raro patio interior (en toda la España musulmana, sólo habÃa dos ejemplos más de este tipo de puertas: una en Sevilla y otra en Granada). Llegó a contar con 10.000 telares, que creaban maravillosos tejidos de seda, entre los que destacaban un “tejido de AlmerÃa†que era exportado a casi todo el mundo árabe. Las crónicas medievales destacan la actividad comercial de la ciudad y de la prontitud con que los almerienses hacÃan frente a los pagos. No sólo los tejidos, sino esclavos (Pechina y Verdún eran los comercios de esclavos más grandes de toda Europa), orfebrerÃa y mármol (se han encontrado lápidas funerarias de mármol de Macael hasta en Nigeria) eran su fuerte. El puerto almeriense era uno de los más importantes del Mediterráneo en época califal, de taifas y con los almorávides. Estos últimos dieron cobijo a piratas, convirtiendo al puerto no sólo en la envidia sino, también, en el terror de sus enemigos. .
El investigador Florentino Castro Guisasola publicó en 1930 el libro El esplendor de AlmerÃa en el siglo XI. La AlmerÃa musulmana está presente en muchos textos medievales, como el Romance del Conde Arnaldo o Las Serranillas, del Marqués de Santillana. Los árabes también cantaron las magnificencias de la ciudad, como el sabio almeriense del siglo XIV, Aben Jatima, en su libro Ventajas de AlmerÃa respecto a los otros paÃses de España. .
Lo que se ha venido llamando siglo de oro de la ciudad rozaba su cénit cuando el Papa Eugenio III convocó una cruzada contra la ciudad. Cristianos del sur de Europa se reunieron para acabar con la cruel AlmerÃa, como la llamaban los juglares de la época. En el sur de Francia, los romances comparaban AlmerÃa con una “piscina†que lavarÃa los pecados de aquellos que se unieran a la cruzada. El conde Ramón Berenguer de Barcelona, Alfonso VII de León, el rey GarcÃa RamÃrez IV de Navarra y Ãlava (nieto del Cid) o el gran duque Guillermo VI de Montpellier junto con genoveses y pisanos (que veÃan como una infranqueable competencia el emporio del puerto de la ciudad y que habÃan sufrido los ataques de su flota), se dieron cita ante las murallas de AlmerÃa. Cada uno traÃa entre sus huestes a lo más granado de la caballerÃa europea, nombres protagonistas de romances medievales (como el conde de Astorga, Ramiro Flores de Guzmán, llamado la “Flor de las Flores†en el “Poema de AlmerÃaâ€, compuesto a raÃz de la conquista). Tras una breve pero intensa resistencia, las murallas fueron asaltadas por doce puntos. Alfonso VII no quiso negociar paz alguna. De los habitantes de la ciudad, 10.000 pudieron huir milagrosamente hacia Murcia y 20.000 se refugiaron en la Alcazaba. De estos últimos, la mayorÃa de los varones fueron acuchillados. Alfonso VII, “el Sultancilloâ€, como le llamaban despreciativamente los almerienses, devastó AlmerÃa y destruyó sistemáticamente las industrias de la ciudad en 1147. .
El botÃn fue repartido entre los soldados, si bien los nobles se llevaron la mejor parte. Los jefes genoveses se apropiaron del “Sacro Catinoâ€, una gran fuente de esmeralda finamente tallada a seis puntas en la que, según la tradición, Jesucristo sirvió el cordero en la última cena. Alfonso VII se llevó partes de la gran mezquita, que depositó en el Monasterio de las Huelgas de Burgos, y ricos tejidos, con los que serÃa confeccionada la famosa casulla de San Juan de Ortega. El conde de Barcelona se llevó las espectaculares puertas de la Puerta de Pechina, forradas de cuero de buey y tachonadas con clavos de bronce, cuya última pista nos lleva a la capilla vieja de la Universidad de Barcelona. .
Tras diez años de dominio castellano, hasta 1157, los almohades lograrÃan recuperar la ciudad e intentan devolverle su antiguo esplendor, sin conseguirlo. Los granadinos la hacen luego su puerto principal. Es destacable el asedio que volvió a sufrir en 1309 por parte de las tropas de Jaime II de Aragón, que no pudieron con la sólida resistencia almeriense. En esta época, AlmerÃa es el escenario de batallas, incursiones y razzias entre los cristianos de Murcia y los moros de Granada. Y en esta época probablemente tiene origen el dicho: Cuando AlmerÃa era AlmerÃa, Granada era su alquerÃa. .
Durante el siglo XV, las luchas por el trono del reino de Granada se irán sucediendo, proclamándose rey de AlmerÃa Abdalá El Zagal, reinado que durará poco tiempo porque el 26 de diciembre de 1489, los Reyes Católicos conquistan la ciudad y El Zagal les entrega las llaves de AlmerÃa. .
AlmerÃa en época musulmana se dividÃa en tres barrios: .
El núcleo primitivo fue La Medina. .
El arrabal de Al-Hawd (El Algibe), actuales barrios de La Chanca y PescaderÃa. .
El arrabal de La Musalla que se extendÃa desde la actual calle de La Reina hasta la Rambla Obispo Orberá. .
Al brusco deterioro de las prosperidad de AlmerÃa se añadió una sucesión de terremotos, dos de los cuales fueron terribles: el de 1518, que elimina para siempre la Vera musulmana, matando a todos sus habitantes, y el de 1522, que se dejó sentir hasta en las Azores, y que devastó AlmerÃa por completo, convirtiéndola casi en un solar y siendo la principal causa de la destrucción de la práctica totalidad de los edificios que los árabes habÃan levantado en ella, asà como de la catedral antigua. Estos terremotos y la esquilmación demográfica hacen que apenas haya mención a AlmerÃa hasta la modernidad. Es en el siglo XIX cuando resurge su puerto debido a la extracción minera y la exportación de uva de Berja y Ohanes. Fue designada capital de la provincia homónima en la nueva reasignación de finales de este siglo. .
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